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¿Qué ciudad queremos?

  • 26 abr 2017
  • 7 min de lectura

Como arquitecta, la primera pregunta obligada al tener un nuevo proyecto es “¿para dónde está el norte?”. Aunque parezca rutinario, la naturaleza de la pregunta viene con el objetivo de que la primera idea que se conciba tome como parámetro las condiciones climáticas del espacio geográfico donde nos encontramos.

Es imposible luchar en contra del sol, los vientos y el ambiente, es por eso que la labor del arquitecto es conocer los recursos y el potencial del territorio y trabajar en conjunto con las fuerzas naturales, optimizando energía y tomando ventaja de las condiciones con las que haya tocado trabajar. Esto es con el último objetivo de mejorar la calidad de vida del usuario de una manera sostenible. Viviendo en Mérida, y con la mayoría de los proyectos que llegan a los despachos de arquitectura en la ciudad y sus alrededores, nos concierne a todos conocer cuál es la situación actual de la ciudad, cómo era antes; y a qué velocidad, y qué factores están generando ese cambio. Con este conocimiento podemos saber qué se está haciendo bien y que no, y tomar medidas de acción para mejorar desde la trinchera de la arquitectura, esta batalla en contra del inminente cambio climático. El medio ambiente se deriva de aspectos como: la radiación solar (ligada a la latitud), la vegetación, el viento, el agua y humedad presente, corrientes marítimas y la geomorfología. En Yucatán el clima es tropical húmedo, con una marcada temporada de lluvias en verano. Los vientos dominantes vienen del noreste y sureste casi todo el tiempo. Se tiene una topografía regular con suelos filtrantes, que dan cabida a cuerpos de agua interiores que forman parte de la identidad del estado. El clima que tenemos hoy no siempre ha sido así. La prueba es la creciente intensidad con la que recibimos los fenómenos naturales. Tormentas y trombas pasan cada vez más violentas, tirando árboles, inundando calles. El clima local ha cambiado de la mano con el crecimiento de la mancha urbana de Mérida. Las planchas de concreto y asfalto aumentan la isla de calor, las áreas verdes son deforestadas para dar paso a nuevos fraccionamientos en masa y grandes inversiones comerciales. Las áreas verdes endémicas se modifican y se convierten en especies exóticas tropicales que pueden llegar a generar un desbalance en el ecosistema. La Organización Mundial de la Salud sugiere tener 9m2 de área verde por habitante como mínimo. En Mérida se está muy por debajo de esa cifra, y continúa de esa manera porque los porcentajes que exige el reglamento de construcción fomentan el crecimiento acelerado sin tomar en cuenta la calidad del área verde. Lo correcto sería un análisis de áreas verdes útiles, de modo que los camellones y espacios que no sean para el disfrute como camellones y banquetas queden fuera. Es inminente el crecimiento demográfico, sin embargo, desarrollo no está en conflicto con sustentabilidad. Las grandes ciudades ya han tomado posturas de un crecimiento que potencialice sus virtudes y genere una mejora en la calidad de vida de sus usuarios. Estas son las ciudades competitivas a nivel mundial, por ejemplo: Singapur, Curitiba, Medellín. Competitivas porque ofrecen un cambio de postura de crecimiento distinto al tradicional, llevando de la mano las inversiones privadas, las públicas, el ordenamiento sostenible y el medio en el que se encuentran de la mano, con un sello de identidad en cada una. Según expertos, la ciudad está creciendo de un modo “desordenado”, “disperso” y “descontrolado” (Iracheta, 2013). El aumento poblacional anual es del 1.1 por ciento y el de la mancha urbana es del 4 por ciento (Iracheta, 2013). Este dato es alarmante porque se está generando una ciudad dispersa en un territorio donde se encarecerá atender con servicios a toda la población, llevará a una pérdida de área verde por habitante, los automóviles están en aumento y recorrerán distancias mayores. Este desperdicio de recursos y la falta de ordenamiento ante el desmedido crecimiento va a llevar a la blanca Mérida a una ciudad no tan blanca y menos verde. Mérida esta en desarrollo y los ojos de los inversionistas están sobre ella. Con un buen gobierno que escuche a los expertos en urbanismo se tiene todo el potencial para convertirse en una ciudad competitiva que no pierda su sello de identidad. Entrando a los casos de estudio, es una pena que los fracasos en desarrollo sustentable de la ciudad superen estratosféricamente a los éxitos. Un éxito hasta el día de hoy es la colonia Miguel Alemán. A mediados de los 90s existía una necesidad por adquirir viviendas en Mérida, ya que las que existían eran muy caras. Cuando fueron las elecciones por el nuevo presidente, el candidato Miguel Alemán Valdés vino a Yucatán y prometió impulsar el equipamiento para la ciudad. Se diseñó junto con arquitectos, tomando el modelo nuevo para la época de diseño. Representa una etapa histórica para la ciudad porque se dejó de urbanizar como era la tradición que se observa en el centro histórico: manzanas de cien metros por cien metros orientadas según los puntos cardinales, con las construcciones alineadas al paramento. La colonia Miguel Alemán dio paso a manzanas de cincuenta por cien metros, ortogonales, con una inclinación a 45°del poniente, de modo que la exposición a los rayos más calientes es la menor posible para todas las construcciones. Sus avenidas respetan jerarquías y tienen camellones arbolados que permiten un recorrido a pie. La colonia Miguel Alemán fue el primer fraccionamiento planeado. Era un subcentro urbano por sí mismo, contando con su propio equipamiento: Iglesia, mercado, escuelas, unidad deportiva, lienzo charro y un parque que hasta el día de hoy es de los más importantes para la ciudad de Mérida y le da servicio a usuarios fuera de la colonia que no gozan de tener un espacio público generoso. Fue una colonia innovadora al tener infraestructura completa: energía eléctrica, alumbrado público, así como agua potable y drenaje colectivo. Y la única en Mérida hasta hace un par de años con este último. Las fosas que usamos hoy, si son mal construidas, son un importante foco de infección para los ya contaminados mantos freáticos. El micro clima que se percibe en la colonia es diferente al resto de la ciudad, modificado por la presencia de amplia vegetación que regula la temperatura. Las copas de los árboles en las calles se cierran en algunas secciones de la avenida, creando bóvedas naturales que protegen de los rayos solares. La selección vegetal para los espacios públicos es el único contra. En avenidas están sembradas especies de lluvia de oro entre otros árboles de gran tamaño que tienen raíces superficiales que rompen el paramento. Además la colonia está cambiando, las casas antiguas que son una huella de la historia del desarrollo de la ciudad están dando paso a comercios de mediana inversión que modifican la imagen urbana, perdiéndose para siempre un sello de identidad. Desde finales del siglo XX e inicios del siglo XXI se está observando un acelerado crecimiento en la ciudad como nunca antes se había visto tanto urbanamente como socioeconómicamente. Actualmente la ciudad sufre de una epidemia de viviendas económicas que destruyen el medio natural, lo pavimentan y le siembran construcciones de dudosa calidad, de lujosos centros comerciales polarizados al norte y torres para vivienda y oficinas. Estas inversiones están cambiando los usos de suelo de las zonas aledañas y el cambio en usos de suelo afecta al cambio climático y al ambiente. La población va en aumento, y esto incrementa la demanda de viviendas. Esta necesidad ha sido el motor de los intereses de los desarrolladores por construir miles de nuevas ofertas para vivir. Este fenómeno se ha dado sobre todo en la última década a lo largo del país. En Mérida se llama Caucel, Los héroes, Las nubes, por nombrar algunos. Entre los años 2003 y 2011 Infonavit otorgó treinta veces más crédito que en los treinta años anteriores (Alarcón, 2011). Esto no sólo habla de la necesidad, sino también del aumento de la oferta existente y en la afectación de enormes áreas verdes en todo el país. Al ser la construcción de vivienda masiva un negocio para inversionistas y constructores, estas nuevas casas se edifican en los terrenos a la periferia de las ciudades. Los futuros habitantes tendrán que gastar más gasolina en su transporte diario, y los servicios se llevarán ineficientemente por las distancias. La velocidad de su construcción indica que no se diseñan pensando en crear una ciudad integrada. De aquí vienen los numerosos espacios residuales a los que los vendedores les llaman parques (a los que le dedicaremos una entrada especial de este blog). Los límites de las nuevas colonias son evidentes en la ciudad, cuando deberían tejerse por sí mismos como en la colonia Campestre. El problema no es la necesidad de vivienda, ni el aumento poblacional directamente, sino el modelo actual que se tiene de crecimiento, de la falta de regulaciones y de seguimiento en el cumplimiento de la normativa. El tema de vivienda está en todos los países, y cada país lo aborda diferente. Por ejemplo, otras ciudades como Singapur opta por compactar las viviendas en edificios para darles áreas de esparcimiento generosas, en México se observa en Tlatelolco. El ejemplo de la capital tiene en común con la colonia Miguel Alemán yucateca que ambos cuentan con todos los servicios para su población inmediata. Las soluciones no son nuevas, sólo es tener la intención de hacerlo. En conclusión, ¿Cómo saber si es un caso exitoso o no? Todo lo que implique un desperdicio de recursos, afectación al medio natural injustificado, intereses monetarios sobre la ética, y falta de creatividad para solucionar los problemas, es considerado un fracaso. Sea consciente o inconsciente, nuestra labor como arquitectos que diseñamos las ciudades de hoy es estar informados sobre el medio en el que se va a trabajar para tomar las bondades del paisaje y tomar medidas sustentables para solucionar los problemas. Ciertamente es difícil tener un trabajo donde puedas diseñar la ciudad entera, pero desde los proyectos que día a día que se trabajan en el despacho se puede tomar al paisaje único que tenemos y hacerlo un usuario más del proyecto. Las ganancias no están en conflicto con el medio ambiente ambiente (muchas veces es todo lo contrario). Lo que hace falta es la cultura y la conciencia (y menos corrupción) de que este ritmo nos va a llevar globalmente al caos.


 
 
 

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